Vulnerabilidad: una puerta

Siguiendo la reflexión sobre la mirada del otro, y al otro, quisiera poner el punto sobre la vulnerabilidad. Porque siento que es algo a lo cual escapamos, no queremos estar en ese lugar, hacemos lo posible por camuflarlo, aparentar otra cosa y esconder nuestras debilidades


Sin embargo, solo cuando te permites mostrarte vulnerable es posible abrirse plenamente a la experiencia del sentir. Cuando te atreves a mostrarte vulnerable -porque ser vulnerable, todos lo somos, el tema es mostrarse o no mostrarse- tu corazón se ablanda, se hace más permeable y entonces, eres capaz de sentir la belleza del amor.


Esta yegua se acercó de frente y luego se giró con decidida claridad, mostrando el anca y la cola a la persona, incluso dando pasitos suaves hacia atrás, buscando el contacto, lo que la dejó a en una situación de alta vulnerabilidad. Pararse justo detrás de las patas de un caballo, en su punto ciego, te deja en una situación de riesgo e indefensión... Pero su actitud y señales eran en todo momento de acercamiento, no de defensa, de manera que puso claramente sobre el tapete la cuestión de la vulnerabilidad, para poder experimentarla, reconocerla y comprender su sentido. Así es como los caballos ayudan. (Cómo saben que ponerse en esa posición abrirá una puerta nueva en la persona, no lo sé. Pero vienen y lo hacen, y abren un espacio invalorable para crecer honestamente).


¿Qué hay detrás del sentirse vulnerable?


Escondes lo que no te gusta de ti mismo -incluso puedes sentirte profundamente avergonzado- con el único propósito de ser aceptado por la manada humana, sea tu familia, tu pareja, tus amigos, tus vecinos, la sociedad en la que te mueves. Los miedos, las dudas, las incoherencias, las frustraciones, las tristezas, los enojos, no están permitidos, así que los envías al cuarto oscuro -al anca- y cierras la puerta. Crees realmente que, si muestras tus miserias, quedarás excluido y te amarán menos o peor aún, no serás aceptado y quedarás solo. Crees también que eres el único que le pasa lo que te pasa, que algo mal sucede contigo así que te lo callas para que nadie sospeche y tratas de mostrar solo lo que juzgas bueno, válido, digno de ser visto.


Pero es que las miserias y las sombras son también dignas de ser vistas y mostradas. Lo que sucede es que siempre, detrás de las miserias hay pistas para crecer, evolucionar y sanar. Y la vida tiene una fuerza intrínseca hacia la evolución y la expansión, así que tarde o temprano los monstruos que has puesto en el cuarto oscuro crecen, se hacen más grandes y te toman por sorpresa cada vez más seguido; y arruinas vínculos, metas, sueños, no logras tu paz ni expandes tus talentos. El no ser honesto ni genuino contigo mismo te va alejando de tu verdadera naturaleza, empiezas a ser un perfecto desconocido para ti mismo y para los demás, y a convertirte en una persona impenetrable en su sentir, con tantas capas para tapar tus llamados defectos, que apenas dejas intuir tu silueta. Y te recuerdo que el sentimiento es el lenguaje del alma. Esconder tus sombras te aleja pues de tu alma.


Porque el propósito de las sombras es animarte a iluminar, a expandir tu propia inteligencia y sabiduría. ¡De eso se trata la vida! De ir iluminando tu cuarto oscuro, de encarar tu ‘parte de atrás’ y empezar a ordenar, a comprender, a deshilvanar para tejer todo esto con un sentido luminoso y orientado al bien.


Reconocerte vulnerable requiere, ante todo, perdonarte. Perdonarte por exigirte ser lo que no eres o sentir lo que no sientes y aceptar que, en el fondo, lo que hay detrás de la vulnerabilidad es el miedo a quedarte solo, a que seas juzgado y apartado. Como mamíferos, el ser parte de un grupo es un asunto de supervivencia. Como seres espirituales, sentirte parte del todo es una necesidad. De modo que es bien coherente lo que intenta hacer tu aparato psíquico para hacerte sentir parte de la sociedad. Desarrollar y mostrar lo que juzgas aceptado.


El problema con esto es que te pierdes las pistas rápidas para soltar aquello que te mantiene atrapado en el miedo a ser apartado y nunca llegas a manifestar tu verdadera identidad divina, creativa y luminosa. Las sombras son las pistas para ir hacia allí; si les pones consciencia, las conviertes en atajos más veloces hacia tu propia liberación. Porque te aseguro que a medida que te animas a mostrar lo que no te gusta de ti mismo, lo que te avergüenza, lo que desprecias de ti, vas viendo el rayo de luz que estaba tapado y te muestra el camino a seguir. Son las miguitas de Hansel y Gretel para el retorno al hogar. ¡Cómo no seguirlas!


Podrás camuflar tu vulnerabilidad con enojo, ira, frustración, con querer imponer a los demás tu voluntad, tus ideas, tus creencias o, todo lo contrario, tomar todas las ideas, mandatos, creencias de cualquier otro para no hacerte responsable por si te equivocas; podrás mentirte en que nada te da miedo arremetiendo con la vida como si fueras un toro enfrentando todo sin mirarte ni registrar lo que sientes, creyendo que desaparecerán por ignorar el miedo que guardas bajo siete llaves. O, todo lo contrario, te has dejado tomar por completo por el miedo entonces te sometes silencioso a los sueños y las creencias a otros pues sientes que no eres capaz de ser tu mismo ni de abrir tus propios caminos. Así podrás sobrevivir, pero nunca serás verdadero ni te sentirás libre.


En cambio, cuando dejas de barajar en el aire como malabarista y te permites ser lo eres y sentir lo que sientes, se abre un mundo nuevo. Y descansas. No esperes a que la vida te ponga a prueba para que busques más hondamente qué traes en tus sombras. Usa tu inteligencia y tu mirada compasiva para enfocar allí la luz de la consciencia. Eres un ser puro que aun no se lo cree del todo, entonces la vida tan amorosamente te pone circunstancias, ideas y creencias para crearte limitaciones e incomodidades, motivarte a mirarlas, comprenderlas, liberarte de su carga y encontrar la sabiduría en todo este proceso: reconocer tu propia pureza y divinidad, tu valor simplemente por existir. En este punto saltas a la espiral y dejas de moverte en círculo.


Comparto un poema que escribí con estos mismos sentires, titulado Mis sombras (Serendipia, 2016)


Al principio

puede parecer

que mostrar las sombras

me vuelve vulnerable.

Puedo sentir por un rato

que debilito mi poder

al exponer mis miserias.

Puedo sentir con miedo

que han de amarme menos

si saben de mi envidia,

de mis miedos, de mi incompetencia, de mi soberbia,

del deseo vanidoso de ser mejor que el otro;

si conocen mi inseguridad permanente

mi angustia, mis odios, mi intolerancia.


Al principio,

puede parecerme

que no valgo nada

frente a tanta miseria.

Por eso me esfuerzo

en guardarla bajo siete llaves.


Sin embargo,

la magia de la luz actúa

en ese preciso momento:

al sacar las sombras al viento

se va aliviando la carga

de lo oculto,

de lo que temo de mí.

Se va secando el barro que atrapan mis pies,

puedo dar un paso

sobre mi huella real.

Habitarme.

Una parte de mí me anima a mostrar

lo que la otra guarda celosa

aterrada por sentirse manchada

y ser apartada por impura.


Empeñarme en sacar la luz sin antes sacar las sombras

es en vano.

No tiene sentido.

Demanda la energía de muchas estrellas.

No quiero mil vidas para brillar,

tengo sólo una.

He de alivianarme para dar el salto

a lo verdadero.


Al hacerlo se produce el milagro.

No sólo no soy apartada

por mostrar lo indeseable,

soy más amada

por mí misma.

Aparece el perdón

hacia mí misma

y la comprensión de que,

las sombras,

son siempre las mismas.

No me pertenecen.

No me definen.

No me hacen menos.

Son humanas.


Instantáneamente,

el acto de atreverme a mostrarlas

despeja el camino para que brille

lo que siempre estuvo

encendido

esperando el momento que corriera el telón

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Mi historia

Me siento atrapada en las garras de la forma, nadando en alquitrán negro y pegajoso. El mundo está loco y me es difícil. Aunque una parte de mí, un ojo lúcido que tengo en alguna parte, quiere salir d