Sobre quién eres y la identidad

Me di cuenta que algo no iba bien con la respuesta automática que tenía sobre mí misma, cuando seguía llenando los formularios de migraciones con la palabra “economista” como ocupación. Hasta que un día me frené cuando estaba escribiendo y me dije: esto es una mentira; me estoy mintiendo a mí misma, me estoy resguardando detrás de este título que, por otra parte, ya no me define.


Me había sacado un traje, pero andaba desnuda. No era economista, pero como no sabía quién demonios era prefería cubrirme mientras tanto. Así que, aunque ya no trabajaba de economista, decidí a sabiendas, esconderme un tiempo más en esa identidad. Entonces me puse a investigar lo que estaba detrás.



Tenía la creencia de que ser economista me aseguraba ser una persona inteligente, capaz, con inquietudes, pensante; también como alguien interesada en los asuntos sociales -siempre me esforzaba en aclarar que la economía es una ciencia social-, reafirmaba mi valor y mi utilidad como persona y para la sociedad. Ser economista era para mí una carta de presentación con la cual creía que sería bien aceptada y valorada, como una mujer inteligente y útil al mundo.


Me encantaba tanto lo que hacía que creí que eso era yo, me identifiqué completamente con mi profesión, pero cuando eso ya no me llenaba del todo y empezaron a aparecer las dudas, también se cayó mi identidad. No era más economista, entonces ¿quién era?


Si bien me daba cuenta de que esto era un absurdo, que yo era algo más que eso, me sentía boyando en el medio del mar sobre un tronco pelado. Se me había ido una base de apoyo y todo se derrumbaba en mí; todo lo que no era verdadero, después me daría cuenta.


Descubrí que detrás de ese traje, se escondían mil facetas más. Yo había elegido una, una carrera, ciertas creencias, ciertos ideales, ciertos valores. Pero podría haber elegido otros. Por supuesto uno viene a esta vida con talentos y virtudes traídos de otros mundos, pero todo lo demás lo construye aquí, en esta experiencia terrenal. Si hubiera tenido otras experiencias, hubiera construido otro yo.


Es decir, la idea del yo es una construcción de la mente. Vas moldeando la personalidad en función de tus padres, tu entorno familiar y cultural, tus experiencias, creencias e ideales propios de ese sistema en el que naciste, creciste y te formaste. La idea del yo, la identidad o cómo te defines es, por así decirlo, un mapa que fuiste construyendo para entender lo que sobre lo que en verdad eres. Pues, no debes olvidar que ese yo -la personalidad- es un mapa y que como todo mapa no reproduce el terreno sino una idea aproximada de él.


La realidad es tan basta y las opciones tan diversas, que la mente necesita establecer ciertos límites para autodefinirse y no perderse. Pero resulta que al final termina creyéndose esa autodefinición, olvidando por completo que fue una construcción. Te identificas con esa idea y entonces crees que eres ese yo, crees que eres la profesión, el nombre, el sexo, las creencias, la pertenencia.


¿Quién eres? Soy carpintero, ingeniera, mecánico, cocinera, economista, albañil, comerciante, viajante, médico, secretaria, dibujante, empresario, psicóloga, maestra, publicista, artista, pintor, escultor, músico, cantante, escritor, bailarina, buzo, navegante, policía, madre, padre, abuela, terapeuta, deportista, nada.


O también, soy entusiasta, negador, alegre, aburrido, creativo, tímido, arrogante, paciente, soberbio, insignificante, maravilloso, poca cosa, fuerte, desconfiado, voluntarioso, débil, colérico, enojoso, chistoso, gritón, depresivo, extrovertido, reservado, gruñón, callado, movedizo, tierno, peleador, pacífico, mediador, luchador, enérgico, sereno, espiritual, místico, yogui, afectivo, carnívoro, vegetariano, vegano. Cristiano, judío, musulmán, europeo, inmigrante, indio o de la selva. Creyente, ateo, terrícola, extraterrestre.


Soy alto, bajo, gordo, gordinflón, cabezón, orejudo, morocho, rubio, pelirrojo, joven, viejo, niño, bocón, narigón, moreno, blanco, flaco, petizo. Soy liberal, conservador, de derecha, de izquierda, del centro, anti-aborto, pro-aborto, ambientalista, desarrollista, capitalista, cientificista, naturista, conspiracionista… y la lista es infinita.


Crees que tu historia o tu pasado te define y te condena, que así eres y listo, que nada podrá sacarte ese dolor, que si te sales del personaje aceptado se acaba el mundo, que solo no puedes, o que todo lo puedes, que todos te deben aceptar, que tus pertenencias o tus actos te definen y perderlas o equivocarte está mal, que pensar es más útil que sentir, que nada te sale bien o que debes ser el mejor de todos.


¿Cuántas definiciones encajan con tu mapa? ¿Quién dices que eres?


Podrás ponerte más o menos etiquetas. Crear una identidad más amplia o más estrecha, sin embargo, no llegarás con esto a definirte por completo. Porque recuerda, tu identidad es una construcción de tu mente que solo indica un rol o un personaje que actúas en función de la situación en la que vives, pero no habla del ser fundamental que lo habita.


El problema con creer que eres lo que te describe es que te limitas a aquello a lo que tu mente pudo construir. Creas tu propia cárcel y nunca experimentarás plena libertad. Te tomas la vida personalmente, defiendes tus creencias como si te defendieras a ti mismo, creas ilusiones y te desilusionas, buscas afanosamente acercarte al placer y a la satisfacción y alejarte del fracaso, del dolor y de la muerte. Todas instancias que siempre ocurren en la vida. La identificación trae aparejado sufrimiento.


La ventaja de despertar la consciencia y darte cuenta que ese yo es una creación de tu mente es que empiezas a reconocer tu ser fundamental y encuentras la libertad. El despertar no se trata de deshacerte de tu mente ni de tu identidad, sino de no identificarte con ella. Entonces puedes experimentar el juego de la vida con mayor plenitud, disfrutando de las situaciones como son, más allá del miedo o el deseo, el dolor o el placer. Cuando descubres quién eres en verdad, puedes jugar el juego de la dualidad y cambiarte de traje las veces que sea necesario para experimentar el propósito de tu alma.


Cuando entras en este espacio el mapa se va borrando, los contornos se disuelven, las diferencias ya no son tanto, los errores son oportunidades, los problemas son desafíos, los demás son como tú, experimentas la compasión, el amor, el perdón, la admiración y la emoción trascendente en un gesto, una mirada, un atardecer.


A medida que sales de la ilusión, asciendes por la escalera de la consciencia; te iluminas, compruebas que hay más, te percibes más grande, más poderoso, más abundante, más amoroso, más pleno. Entonces, tu propia luz comienza a iluminar a otros.


Despierta.

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