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Ley oculta

Actualizado: 13 ene

En estos días la naturaleza se ha montado al péndulo.



Hace apenas unas lunas el pasto seco ardia desenfrenado, quemando todo hasta transformarlo en negro. Dejo un manto oscuro, de apariencia inerte y sin vida.

Mi cuerpo estaba también seco, en completa sintonia con el afuera. Estaba a un tris de prenderse fuego, como los pastizales. Había energia electrica perceptible en el aire, aunque sin pistas de ninguna tormenta. Todo estaba cargado de fuego sutil e invisible. Había exceso de calor y ausencia de humedad. El fuego y el agua en aparente lucha, el yang y el yin, lo masculino y lo femenino. El clima habló de presencia impetuosa del Padre y silencio agudo de la Madre, desequilibrio.



Un suspiro después, la lluvia empezó a aparecer. Tímida de a ratos, potente y tan violenta como el fuego por otros, continua el agua transformando la tierra. Y también a mí. Ahora todo mi cuerpo pasó a estar húmedo y maleable. Así sucede, naturalmente. Hay una puja entre energías, van ajustando sus fuerzas para restablecer la vida. Mueven el péndulo de un lado al otro. De pronto la naturaleza también parece polarizada y con grietas.

Pareciera que enloqueció, que anda como bola sin manija. Que no encuentra su norte, que anda a la deriva.


Igual que nosotros, seres humanos, perdidos de un lado al otro, rodando entre los extremos y las divisiones, entre el yang y el yin, entre la tiranía y la libertad, entre la evolución y el atraso, entre la destrucción y la resistencia.


Pero usando el intelecto y la intuición , puedo saber con certeza que detrás de este aparente caos hay un orden.

Pues, a dónde va la vida cuando el fuego la mata y la convierte en cenizas?

En algún lugar espera pues, agazapada, aguardando el momento para mostrar, otra vez, su brote. Y esto sucede todas las veces que el fuego quema o el agua inunda. Al final, la vida siempre, siempre, triunfa.



Pues qué pretende esta vida que insiste con tanta perseverancia? Qué le gusta de este mundo? Cuál es el encanto que la atrae y la mantiene persistente en su propósito? Hay una pulsión mayor para manifestar lo perfecto. La vida siempre triunfa. No se cansa ni abandona su propósito, no hay tiempo ni barrera capaz de detenerla.


Hay leyes claras que imperan y gobiernan la vida aunque no las veamos ni por asomo. Hay fuerzas que pujan por mostrarse en el plano de lo visible, a veces hay más de algo que de lo otro, otras veces al revés. Pues si lo que se va creando no está en armonía y no cumple con las leyes universales, tarde o temprano la vida lo destruye para volver a intentar. Lo tira como si fuera un yenga. Una y otra vez. Nuevo intento. Baraja y da de nuevo.


La Vida hace esto siempre. Sea con el pasto, o con nosotros, seres humanos. Si no somos capaces de evolucionar, nos autodestruiremos porque todo es perfecto y hay un orden supremo del cual no podremos escapar nunca. Lo contrario a la vida y a la divinidad no puede prosperar. Se sembrará la semilla humana nuevamente como el ave suelta, una vez de tantas, la semilla del árbol. Que lleve eones construir el homo cristus no es asunto de desvelo para la Vida. Lo es tal vez para mí, pequeña mente inmadura. Ella en cambio, buscará cada vez, reflejar el misterio que Es y no se detendrá hasta manifestar su perfección divina. Le lleve 10 años o mil.


Asi que Vicky, móntante al péndulo de la Vida y observa con inteligencia. Tal vez puedas así unir tu fuerza propulsora para construir el nuevo yenga y no lamentarte por el aparente desorden. No pierdas tiempo. Mira lo que esta detrás.

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