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Ayudar...y pedir ayuda

 Aquí voy, en el auto de copiloto de Chascomús a Buenos Aires, escribiendo estas líneas con la compu en la falda para que puedas tener “a tiempo” -para mí- el podcast semanal. Como dije al inicio de este año, el compromiso es conmigo misma! Y eso me encanta y me desafía, así que aún si vos no estás al tanto de si toca o no toca recibir el podcast, yo sí! Jajaja así que acá voy, siendo un poco más coherente entre lo que pienso, siento y hago. 💪💪💪💪

 

Esta semana te invito a reflexionar sobre la ayuda, el dar y recibir, y pedir… Qué temita ¿no?

Nos cuesta pedir ayuda, nos cuesta recibirla, nos cuesta dar ayuda o ahogamos al otro en nuestra ayuda…hay para todos los gustos y circunstancias, aunque probablemente haya una característica que vaya más con tu personalidad ahora. Creo que normalmente, el que da ayuda sin parar, no le gusta tanto recibirla, y que detrás de la ayuda hay bastantes trapitos escondidos que vale el tiempo sacar a la luz si es que queremos transitar enserio el camino de la autoconsciencia. Pues expandir tu consciencia te entrega libertad y, por lo tanto, pleno poder.

 

Me acuerdo cuando era chica, tendría unos 7 u 8 años, que levantaba la mesa después de la comida familiar -siempre muchos- con mucha diligencia y eficiencia, porque me encantaba que me llenaran de elogios y felicitaciones. Es como si todavía escuchara la voz de papá diciendo “ay pero qué bien Vicky, mirá cómo levanta toda la mesa…qué monada”, y mi cuerpo brincando feliz por dentro con semejante atención. Con mi total inocencia de esa edad, buscaba agradar, ser aceptada y querida, entonces levantaba la mesa. Ayudaba para agradar. (¿Te suena?) Hasta que un día me di cuenta de que me estaban tomando el pelo, mis hermanas más grandes se aguantaban la risa mientras yo laburaba, así que bueno…me revelé y dejé de ayudar para agradar levantando la mesa (no dejé en sí de ayudar para agradar!! Jaja eso lo seguí haciendo bastante, como te cuento en el podcast).


Pedir ayuda no es tan fácil cuando crees que algo falta en vos, algo no tenés, lo necesitás de otro y esto te deja en una situación de debilidad o de falta, de no completo, no suficiente.

Si pido ayuda no soy suficiente, no alcanzo conmigo…Eso es para los débiles, yo puedo solo, soy fuerte. Esto es una creencia muy divulgada y aceptada en nuestra cultura a pesar de que para vivir necesitamos, cuando nacemos, que alguien nos ponga el alimento en la boca. ¿Acaso no podemos ser fueres y pedir ayuda?

 

Aceptar la ayuda es otra cuestión. Cuando estás reticente, pero no te queda otra, te ponés incordioso o quisquilloso con la ayuda recibida: que así no, que esto de otro modo, que es poco, que es mucho, muy intensa, poco presente…en fin. Recibimos con peros, no hay aceptación. O, por el contrario la aceptás plenamente, creyendo que eso que estás recibiendo te va a salva; entonces ahora tu preocupación será que no se acabe, no se vaya, no disminuya la presencia o la ayuda Entonces, así vas creando relaciones tremendamente dependientes del otro y de su ayuda. No hay pares en la relación sino sumisión. Hay miles de motivos, razones y modos, pero la ayuda del otro que consideras imprescindible para avanzar en tu vida, en lugar de traerte libertad te hace dependiente. Obviamente que una vez no, pero en general tendemos a repetir patrones.

 

Dar ayuda al otro es una gran cuestión. ¿Me la pidieron? ¿Qué fue lo que, exactamente, me pidieron? ¿O es que estoy dando la ayuda que yo -desde mis zapatos- pienso que el otro necesita? Y si el otro no toma esa ayuda, la desprecia o no la valora tanto como yo creo que debería, ¿me enojo, me ofendo, me frustro? Dar ayuda tiene buena prensa, parece que el que ayuda es buena persona. Pero ojo, porque cuando la ayuda viene desde el ego -que es desde donde normalmente actuamos de manera automática-, por más bien intencionada que esté, se entromete en los planes del alma de la otra persona. Por supuesto que hay modos de ayudar desde el alma, ahí es efectiva la presencia, eso sería servir, ser útil, ayudar en sentido profundo de la palabra.

¿Querés escuchar el tercer episodio? Hacé click ACÁ

De esto te cuento en el episodio 3 Ayudar…y pedir ayuda! Escuchalo haciendo click acá arriba, o en la foto, en la página web de Caballo Alado, o también podés ver el video por Youtubbe. Dejame tu comentario, dale me gusta (si te gustó obvio!! Jaja) y compartilo también a quien te parezca!.

 

Namaté

Vicky


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También lo podés ver en video por mi canal de youtube o desde la web de Caballo Alado.en la sección videos.



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